Me habian dicho que nunca iba a estar sola. Siempre lo pregunté y siempre me dijeron que no. Mis padres, las maestras, los de la iglesia, todos me decian que no, que no iba a estar sola. Pero de chica pasaba los recreos y volvia a casa y merendaba sola, porque mis papás trabajaban hasta tarde. Miraba, sola, los dibujitos hasta que llegaban cansados mis viejos y cenabamos en silencio. Hacía sola los deberes, porque mis papás - alguna vez me lo insinuaron- ya habían trabajado bastante durante el día como para ayudarme a mí a la noche, al fin y al cabo, decían, esa era mi obligación, ante mi familia .
Desde chica , sin que nadie me lo explicara, aunque todos me decían que no, entendí que iba a estar sola y asumí que estar sola cuesta mucho, duele en el cuerpo, enferma. Que no tener en quien apoyarse pesa y duele. Me dí cuenta rápido de que los cuentos infantiles que terminan siempre bien son sólo cuentos. De chica intuí que hay que confiar poco y en pocas personas; ahora comprobé que hasta el mejor amigo, que hasta el hombre de tu vida puede traicionarte. Que los humanos somos sólo humanos y por eso decepcionamos. Ahora pienso que si alguien me lo hubiera dicho desde el principio, habría sido todabía mas cautelosa. Hubiera confiado menos y me hubiese dolido menos. Pero no hubiera aprendido nada ni estaría aquí, contando esta historia de ilución(...)
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